La muestra In & out/ Up & gira en torno a la idea de límite como línea desdibujada, fácilmente traspasable y movediza. Olalla Gómez y Javier Núñez Gasco cuestionan, desde diferentes perspectivas, la validez de ciertos mecanismos a los que se ve sometida nuestra realidad social. Partiendo de la reflexión sobre el espacio expositivo donde muestran sus obras –Salón- ambos han considerado la noción de bienestar que solemos asociar con esta habitación para darle la vuelta y posicionar al espectador en una situación incómoda.

Con la pieza A saltar Olalla Gómez pone en manos de los visitantes la decisión de acceder a la exposición, bloqueando la entrada a través de una valla. Si quieren entrar, tendrán que saltar. La obra establece un paralelismo entre el salón como centro de reunión dentro de una casa y la plaza, lugar urbano colectivo en el que la gente se concentra para hablar, celebrar o manifestarse. Hoy en día los espacios públicos se están privatizando y cada vez resulta más complicado circular libremente. Un despliegue de pequeños dispositivos encubiertos frenan a diario el paso y la movilidad del ciudadano, obstaculizando su discurrir físico y mental. Como resultado de estas restricciones, el individuo se siente castrado y opta por encerrarse en casa, arrastrado por la desidia. La artista extrapola esta sensación general de parálisis al ámbito privado e instiga al espectador a la acción evidenciando que, en realidad, los límites solo los instauran ellos mismos.

Javier Núñez Gasco deja a un lado la política y nos acerca a procesos de reconocimiento propios del pensamiento humano, estableciendo a su vez un vínculo con el mundo del arte. La performance Mil palabras. Contador, consiste en la narración de una obra del artista realizada por un espectador sentado en una silla incrustada en lo alto de una pared. Núñez Gasco objetualiza al orador y propone otra manera de contar una idea, previamente exhibida con un formato textual o físico. Los límites que definen la exposición se ponen en duda reduciendo la identidad de la obra de arte a la memoria oral que se transmite a lo largo del tiempo. Este vestigio, representado por una persona de la tercera edad, se eleva por encima de todo lo demás imponiendo su presencia y su autoridad: la de la voz de la experiencia, que también simboliza la proximidad del olvido. De él, de su discernimiento y de su capacidad retentiva dependerá lo que el público piense de la creación relatada. Aunque la clave no está en lo que se cuenta, sino en lo que ocurre, porque como bien apuntó Susan Sontag: «en las buenas películas existe siempre una espontaneidad que nos libera por entero de la ansiedad por interpretar»

Poco importa qué posición adoptar –dentro, fuera, arriba, abajo- , lo relevante es conocer los márgenes a los que nos enfrentamos para controlar nosotros mismos hacia dónde nos queremos dirigir.